Orestes Lorenzo Pérez volvió a protagonizar una travesía fuera de lo común. El expiloto militar cubano aterrizó ayer a las 14.45 en el aeropuerto Martín Miguel de Güemes después de cinco días de vuelo desde Orlando, Florida, a bordo de un L-39. En el asiento trasero viajó como copiloto el salteño Carlos Juncosa. Fueron unos 8.800 kilómetros de escalas, tormentas, cambios de ruta y decisiones condicionadas por el clima.
El L-39 es un avión de entrenamiento militar de fabricación checoslovaca, diseñado para preparar pilotos de combate y no para realizar viajes de semejante extensión. Lorenzo ocupó durante toda la travesía el asiento delantero y Juncosa el trasero. No podían verse durante el vuelo y se comunicaban mediante auriculares.
"Volar este avión es muy incómodo, no es un avión para largas travesías", explicó Juncosa al llegar a Salta. La escasa autonomía obligó a planificar cuidadosamente cada etapa y realizar numerosas escalas para cargar combustible.
Una travesía marcada por el clima y las escalas
El viaje incluyó Jamaica, Colombia, Ecuador, Perú y Chile. Uno de los momentos más exigentes ocurrió al llegar a Cartagena. La baja visibilidad los obligó a realizar dos escapes antes de intentar una aproximación utilizando la pista en sentido contrario, donde las condiciones eran mejores.
Pero el desafío no terminó allí. La pista estaba mojada y con charcos y, apenas tocó tierra, el L-39 comenzó a hacer aquaplaning. Lorenzo consiguió mantener el avión bajo control y completar el aterrizaje. Juncosa había contado aquel episodio con humor en el diario de vuelo que publicó durante la travesía: "Quedó demostrado que Orestes no solo sabe carretear un avión. También sabe esquiar con él".
La meteorología volvió a condicionar las etapas siguientes. "Siempre se siente un poco de miedo, eso lo acompaña siempre, está en la cabina", reconoció Juncosa al finalizar el viaje.
La idea había surgido meses atrás, cuando Lorenzo le propuso al salteño realizar juntos un "ferry memorable": trasladar el L-39 desde Estados Unidos hasta Salta. Orestes sería el piloto y Juncosa el copiloto. Ayer, aquel proyecto terminó sobre la pista del aeropuerto salteño.

Para Lorenzo, sin embargo, la aventura no concluye en Salta. El avión permanecerá durante varios meses en la Argentina y el cubano pretende recorrer el país y continuar hasta Ushuaia. "Orestes vino con el avión para hacer turismo en Argentina, ama Argentina, ama Salta, él se siente un salteño más", contó Juncosa.
La llegada adquiere otra dimensión por la historia de quien venía al mando. Orestes Lorenzo Pérez fue mayor de la Fuerza Aérea Cubana, instructor de pilotos y recibió formación en la Unión Soviética. Durante años, según contó él mismo, estuvo convencido de la Revolución Cubana, pero su estadía en la URSS entre 1986 y 1990 y el acceso a información que no circulaba libremente en Cuba modificaron su visión del régimen.

La hazaña de Orestes Lorenzo
El 20 de marzo de 1991, aprovechó un vuelo de entrenamiento para escapar de Cuba a bordo de un caza soviético MiG-23. Voló a muy baja altura para evitar los radares, llegó a una base estadounidense en Florida y pidió asilo político.

Había conseguido escapar, pero su esposa, Victoria "Vicky", y sus dos hijos permanecían en Cuba. Durante casi dos años intentó que pudieran salir de la isla mediante gestiones diplomáticas y denuncias internacionales. Incluso realizó una huelga de hambre. No obtuvo autorización.
El 19 de diciembre de 1992, Lorenzo volvió clandestinamente a Cuba pilotando un Cessna 310. Aterrizó sobre una carretera cercana a una playa donde había acordado encontrarse con su familia. Allí subieron Vicky y sus dos hijos y despegaron nuevamente rumbo a Estados Unidos. La operación tuvo éxito y alcanzó repercusión internacional.



















