La distribución de los ingresos laborales muestra que el 80 por ciento de los trabajadores, tanto registrados como informales, cobra menos de 1,5 millones de pesos mensuales, una cifra que durante los primeros meses del año quedó por debajo del costo de la Canasta Básica Total.

La informalidad profundiza la desigualdad

La situación es aún más compleja para quienes trabajan fuera del sistema formal. Mientras los asalariados con aportes previsionales alcanzan ingresos promedio cercanos a 1,37 millones de pesos, los trabajadores no registrados apenas superan los 730 mil pesos mensuales.

La brecha expone uno de los problemas estructurales más persistentes del mercado laboral argentino: la elevada informalidad. Casi cuatro de cada diez asalariados no cuentan con descuentos jubilatorios ni acceso pleno a derechos laborales básicos, consolidando escenarios de precarización y vulnerabilidad económica.

Esta realidad provoca que millones de familias dependan de ingresos insuficientes para afrontar gastos esenciales vinculados con alimentación, vivienda, transporte, educación y salud.

La recuperación económica no llega a todos por igual

Aunque algunos sectores vinculados a la energía, las finanzas y las actividades exportadoras registraron mejoras significativas durante los últimos meses, esa expansión no se trasladó de manera uniforme al conjunto de los trabajadores.

Recién entre el 20 por ciento de asalariados con mayores ingresos aparecen salarios que logran superar con claridad el costo de vida de una familia promedio. El resto continúa enfrentando dificultades para sostener su poder adquisitivo en un contexto donde los precios acumulados durante los últimos años siguen condicionando la economía doméstica.

La recuperación parcial observada en algunas negociaciones paritarias benefició principalmente a los trabajadores formales, mientras que cuentapropistas, empleados informales y sectores de menores ingresos permanecieron rezagados respecto de la evolución del costo de vida.

La concentración del ingreso sigue siendo elevada

Los indicadores también muestran una marcada desigualdad en la distribución de la riqueza. El 10 por ciento de los asalariados con mayores ingresos concentra más de una cuarta parte del total salarial, mientras que el decil más bajo apenas accede a una porción mínima de esos recursos.

La situación se replica a nivel de hogares. El segmento de mayores ingresos concentra casi un tercio del total, mientras que los sectores más vulnerables apenas participan con porcentajes marginales y dependen en gran medida de jubilaciones, pensiones, asignaciones y programas estatales para complementar sus ingresos.

En los hogares más pobres, más de la mitad de los recursos proviene de fuentes no laborales, reflejando una creciente dependencia económica y las dificultades para acceder a empleos formales con remuneraciones suficientes para cubrir las necesidades básicas.

La desaceleración inflacionaria registrada en los últimos meses permitió cierta recuperación del salario real en algunos sectores, pero los números continúan evidenciando que para una enorme mayoría de los trabajadores argentinos el ingreso mensual todavía no alcanza para sostener el costo de vida de una familia tipo.