
Este lunes, el cantante volvió a hablar con ese estilo tan particular que, por momentos, recordó a los diálogos de aquel disco. Pero esta vez no lo hizo en un estudio de grabación sino frente a los tres jueces que deben decidir su futuro. Habló durante cuatro horas. Saltó de un recuerdo a otro, se interrumpió y perdió varias veces el hilo. “¿Dónde me quedé?”, preguntó más de una vez, al intentar explicar qué ocurrió la madrugada del 12 de julio de 2018, cuando mató a Cristian “El Gringo” Díaz en el barrio Samoré, en Villa Lugano.
“Estoy muy nervioso, me cayeron muchas fichas. Pensé que no iba a poder declarar”, reconoció apenas tomó la palabra ante los integrantes del Tribunal Oral en lo Criminal y Correccional Nº 29.
Horas antes, Álvarez llegó al edificio de la calle Paraguay al 1500 en ambulancia desde la clínica psiquiátrica de Castelar donde permanece internado de manera involuntaria desde el 2 de octubre. Previo a ingresar a la sala fue asistido por médicos y, cuando finalmente se sentó frente a los magistrados, comenzó a reconstruir una historia que, según su versión, empezó con un robo, continuó con una discusión en la que se sintió “acorralado” y terminó con la muerte de Díaz.
“Tenía el arma en el bolsillo, creo que ni la saqué. Apunté a su cuerpo”, dijo cuando finalmente llegó al momento central de su declaración.
Durante su extensa exposición, el músico también habló de sus temores, de su relación con la víctima y de las consecuencias de lo ocurrido. También pidió perdón a la familia de Díaz. Estas son las cinco claves de su testimonio.

1. El origen del conflicto: un viaje a comprar drogas y una mochila
Para explicar qué ocurrió aquella madrugada, Álvarez decidió remontarse a un episodio anterior al homicidio. Según relató, conocía a Díaz del barrio Samoré, donde ambos vivían, y en ocasiones recurría a él para trasladarse a comprar drogas a la Villa 1-11-14.
“En algunos momentos él trabajaba de remisero. Creo que porque se animaba a llevar a la villa a los que compraban sustancias y no todos se animaban”, explicó.
En uno de esos viajes, el músico llevaba una mochila con dinero, teléfonos celulares y otros objetos de valor. Antes de salir, le preguntó a Díaz si estaba seguro de ingresar al barrio. “Me mostró que tenía una pistola y le dije: ‘Vamos’”, aseguró.

Una vez allí, le pidió que lo esperara mientras realizaba una diligencia. Sin embargo, cuando regresó, Díaz había desaparecido junto con sus pertenencias. “Me dejó tirado”, resumió. Álvarez contó que tuvo que caminar unas 25 cuadras hasta su domicilio y que, al llegar, encontró a un grupo de conocidos de Díaz que tenían su mochila.
Según su versión, recuperó las llaves y los equipos electrónicos, pero faltaba aproximadamente la mitad del dinero. El episodio lo enfureció y les dejó un mensaje para Díaz: “Díganle al Gringo que de esto vamos a hablar, que esto no va a quedar así”.
Sin embargo, negó haberlo amenazado de muerte. “Nunca dije: ‘Le voy a pegar un tiro’”, afirmó ante los jueces.
El cantante también contó que, en determinado momento, había comenzado a comprar drogas directamente a un proveedor de Díaz, sin recurrir a él como intermediario. Según su interpretación, esa situación había generado un nuevo motivo de resentimiento.

2. El encuentro en Samoré: “¿Qué te pasa a vos conmigo?”
La madrugada del crimen, Álvarez había regresado a su departamento porque su perra estaba teniendo cachorros. Según explicó, su intención era comprobar que los animales estuvieran bien y después llevar a Agustina Inbernoz, su novia de aquel momento, al Pinar de Rocha.
Cuando ambos bajaron del edificio, escuchó que alguien lo llamaba desde un sector poco iluminado.
“Eh, Pity, ¿qué te pasa a vos conmigo?”, recordó que le gritaron.
Al darse vuelta, reconoció a Díaz, quien llevaba un pulóver azul con un bolsillo grande. “Creo que me habré dado vuelta y le habré dicho: ‘No, amigo, no tengo ningún problema con vos’”, contó.
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Según su relato, Díaz estaba muy alcoholizado y posiblemente había consumido pastillas. “No soy médico para decirlo, pero vino con la cara dada vuelta”, expresó. “Soy alto conocedor de los mambos”, sumó.

El músico aseguró que la víctima comenzó a reprocharle que hubiera dicho a otras personas que tenían que hablar. También recordó que Díaz se presentó como “el único Cristian del barrio” y lo provocó por su carrera musical. “En un momento me preguntó si me sentía importante por haber compuesto Pila Pila. La verdad es que yo odio esa canción y le dije que no me gustaba”, respondió Álvarez.
La conversación se prolongó. El cantante sostuvo que intentó terminarla varias veces, pero que Díaz insistía en increparlo. “Se hizo muy largo”, aseguró. Según dijo, otro hombre que acompañaba a la víctima, y que declaró en el juicio como testigo de identidad reservada, trataba de calmarlo y le hacía gestos de disculpa.
“Yo me lo quería sacar de encima a este Gringo”, afirmó.
También explicó que, debido a una operación de cadera a la que había sido sometido después de un accidente de moto, tenía dificultades para moverse ágilmente. “Hubiese querido caminar rápido para irme y dejarlo hablando solo. La intención la tuve, pero no pude”, aseguró.

3. Los golpes, una fotografía y la supuesta arma de Díaz
De acuerdo con la reconstrucción de Álvarez, la discusión se volvió cada vez más agresiva. Aseguró que Díaz intentó golpearlo con puñetazos y cabezazos, mientras su acompañante trataba de contenerlo.
“En un momento me dice: ‘Vamos a pelear’”, recordó.
Para explicar lo que ocurrió después, el músico pidió ponerse de pie frente a los jueces y mostró cómo Díaz se sacó el pulóver que llevaba puesto. Según su versión, porque ningún otro testigo de la pelea contó esto, en ese movimiento alcanzó a ver lo que identificó como una “cacha”, es decir, la empuñadura de un arma, debajo de la ropa. Aclaró que no podía precisar de qué arma se trataba ni su calibre.
Sin embargo, el relato tuvo un giro inesperado: Díaz dejó de increparlo y le pidió tomarse una fotografía juntos. “Pasó de estar recontra violento a pedirme una foto”, recordó. Este fue uno de los pasajes más llamativos de su declaración, ya que ni Agustina Inbernoz ni el hombre que acompañaba a Díaz aquella noche, ambos testigos en el debate, mencionaron ese episodio en sus testimonios.

Álvarez aceptó sacarse la selfie, aunque aseguró que no entendía qué estaba ocurriendo. Después de la imagen, Díaz volvió a ponerse el pulóver y le habría dicho: “No digas más que me vas a pegar un tiro”.
El cantante interpretó que el conflicto había terminado y le respondió algo parecido a: “Bueno, amigo, mientras no te zarpes de nuevo conmigo...”.
Pero la calma duró poco. Según su relato, Díaz volvió a pedirle una sustancia y dinero a la persona que lo acompañaba. Cuando Álvarez creyó que finalmente podía retirarse, comenzó una nueva discusión.
“Se puso peor y empezó con lo mismo, pero más ‘gede’. Ya no era tan verbal, me quería pegar cabezazos. Piñas. El otro no lo dejaba”, describió. “Yo estaba acorralado por un tipo peligroso”, afirmó. Para explicar el miedo que sintió, comparó su situación con la de una codorniz frente a una boa.

4. Los disparos: “Hubo un fogonazo blanco en mi cabeza”
Después de más de una hora de relato, Álvarez finalmente llegó al momento central de la declaración: los disparos que terminaron con la vida de Cristian Díaz. “Tenía el arma en el bolsillo, creo que ni la saqué. Apunté a su cuerpo”, afirmó.
El músico aseguró que era consciente de las consecuencias que podía enfrentar por lo que había hecho. “Todo lo que me pasó después, la condena que me comí y este momento, ya lo sabía”, sostuvo.
Sin embargo, al intentar describir qué ocurrió inmediatamente después, dijo que había perdido la noción de lo que sucedía a su alrededor.
“Hubo un fogonazo blanco en mi cabeza”, expresó. “No sé lo que pasó por unos segundos. Después me vi parado al lado de él y todos corriendo”, continuó.
En ese momento temió que los amigos de Díaz fueran a buscarlo. Dijo que eran entre 7 y 12 personas, otro dato que ninguno de los testigos que presenciaron el episodio aportó. También recordó los gritos de Agustina. “¡Lo mataste, lo mataste!”, aseguró que le decía la joven.
Álvarez relató que después se alejó del lugar en un vehículo, aunque sostuvo que no recordaba a qué velocidad circulaba. A su lado, Agustina seguía gritando, en estado de shock. “Yo viví por primera vez eso. No pensé, eso no era yo. Me transformé”, declaró.

5. “¿Cómo no voy a estar arrepentido?”: las disculpas a la familia de Díaz
Hacia el final de su declaración, “Pity” fue consultado sobre si estaba arrepentido de haber matado a Díaz. “¿Cómo no voy a estar arrepentido? Se lo que hice, pero también el tipo de persona que sé que soy”, dijo.
En ese momento, manifestó su intención de pedir disculpas y ofrecer algún tipo de reparación a la familia de la víctima. Explicó que él también perdió a su padre y que, por eso, comprende lo que significa esa ausencia. Fue entonces cuando propuso organizar un recital para recaudar dinero y ayudar económicamente a las hijas de Díaz. “Mi única forma de hacer eso es haciendo el arte que yo hago, que es tocando. Me gustaría poder hacer algún show para recaudar dinero”, sostuvo.
Durante su declaración también reflexionó sobre la gravedad de lo ocurrido: “Que Dios me perdone, pero yo no vine a este mundo a cazar, vine a multiplicar, más allá de cuál sea mi sentencia. Lo que hice va en contra de mis principios”.















