Chubut ya perdió 22 mil hectáreas por los incendios y advierten que “los bosques nativos están desapareciendo”

El fuego avanza con mayor severidad y modifica de forma irreversible el paisaje cordillerano. Investigadores alertan que las condiciones actuales favorecen especies invasoras y dificultan cualquier recuperación a corto plazo.

16 de enero de 2026AA PRENSAAA PRENSA
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Los incendios que se repiten cada verano en la Patagonia están contribuyendo a la desaparición de los bosques nativos característicos de la región. El fuego que lleva consumidas unas 22.000 hectáreas en Chubut es parte de un fenómeno producto de diversas variables, como el avance de nuevas urbanizaciones y los cambios ambientales derivados de la crisis climática, que se traducen en el sur del país, y particularmente en el norte de la región, en mayores temperaturas y menor cantidad de precipitaciones 

La zona incendiada en esa provincia, que incluye al Parque Nacional Los Alerces y a las localidades de Epuyén, El Hoyo, Puerto Patriada y El Turbio, contempla bosques de especies nativas como cipreses, coihues y lengas, mezclados con pinos plantados hace más de 50 años para explotación forestal. Este es uno de los primeros factores que explican el principio del fin para los árboles nativos.

Esta especie invasora no sólo tiene alta capacidad inflamable sino que, además, se potencia su expansión con las altas temperaturas ya que sus frutos, las piñas, necesitan condiciones como las actuales para abrir sus semillas. Incendios como los que se vienen desarrollando hace varias temporadas en la Patagonia dejan cientos de semillas por metro cuadrado listas para germinar y comenzar a crecer, en lo que Javier Grosfeld, técnico superior del Conicet Patagonia Norte, calificó como un “caldo de cultivo para que los próximos incendios sean violentos”.

“Los pinos ganan territorio sobre las especies nativas. En 1999, había 8 mil coihues por hectárea en Puerto Patriada, pero 17 años después, una investigación del Inbioma (Instituto de Investigaciones en Biodiversidad y Medioambiente del Conicet) detectó 100.000 a 150.000 pinos por hectárea”, graficó a TN el investigador.

Bosque modificado

Luego de cada incendio que se da en la Patagonia, la única posibilidad de revertir las condiciones favorables para la propagación del pino es llevar adelante un plan de manejo preventivo para evitar que crezcan nuevos ejemplares, señaló el investigador Conicet Mariano Amoroso.

“Una mayor reincidencia de los incendios le quita resiliencia al territorio”, agregó en diálogo con TN quien, además, es profesor de la Universidad Nacional de Río Negro (UNRN) y se desempeña en el Instituto de Investigaciones en Recursos Naturales, Agroecología y Desarrollo Rural (Irnad).

La clave para que las plantas autóctonas tengan posibilidad de regenerarse y, aunque sea, intentar competirle a las especies invasoras es que los restos de cipreses, coihues o lengas dejen semillas para poder reproducirse, explicó la becaria doctoral del Conicet Melina Páez, que también trabaja en el Irnad.

Esa posibilidad, con las condiciones de los últimos años, es cada vez más difícil. La mayor severidad de los últimos incendios deja más árboles muertos que ni siquiera pueden dejar semillas disponibles. Esto reemplaza unas especies por otras que empiezan a conformar un “paisaje más inflamable”.

“Cambia la composición de la vegetación: es más susceptible a prenderse fuego y esa reincidencia (de los incendios) en los mismos lugares lleva a que se pierdan ecosistemas y que se conforme un bosque de matorrales, que son más inflamables”, explicó Páez.

Este cambio en el paisaje se da tras sucesivos incendios que se intensificaron en los últimos años y que vienen afectando a las especies nativas, acostumbradas a ciclos distintos en los desarrollos de focos de fuego: “Estos fenómenos se daban cada cierto tiempo y las especies semilleras (nativas) tenían tiempo para recuperarse”.

Los matorrales que quedan, profundizó Amoroso, se componen de árboles más chicos y especies más arbustivas, que crecen más rápido pero rebrotan diferente, en muchísimos tallos, que dejan más material combustible en un corto período. “Los bosques (de especies nativas) están desapareciendo y es muy posible que no podamos volver a recuperarlos”, aseguró.

Ese panorama también fue planteado por Grosfeld, quien marcó la posibilidad de que no vuelvan los bosques patagónicos y sean reemplazados por matorrales. “En la Comarca Andina (región compartida por Río Negro y Neuquén, compuesta por las localidades de El Hoyo, Epuyén, Lago Puelo y El Bolsón) , el 75% de los bosques se han quemado”, afirmó.

Incendios más severos

Páez desarrolla, en la actualidad, su tesis doctoral en la que evalúa cómo el uso que se le da al territorio en la Patagonia determina la severidad de los incendios. Con este trabajo, busca analizar cómo cambiaron sus usos a lo largo del tiempo y qué relaciones existen entre esas modificaciones y la virulencia del fuego.

“Los incendios de los últimos años tienen una alta severidad tras años de acumulación de material combustible, el avance de la urbanización hacia zonas rurales, la actividad antrópica (de las personas) y el cambio climático”, describió.

Esos factores juntos dan como resultado desenlaces de gran severidad en los incendios de los últimos años, explicó la investigadora. Y sumó: “Esto tiene una gran implicancia en la posibilidad de que la vegetación se recupere”.

Por su parte, Amoroso añadió: “Vemos que las especies (nativas) dejan de responder al clima como lo hacían. Las tendencias del clima son irreversibles y en la Patagonia, sobre todo en el norte, es donde más fuerte se están evidenciando estos cambios”.

Cambio de era y recuperación
Tras estos episodios, la pregunta que sobrevuela es cuánto tiempo le llevará recuperarse al territorio tras semejante alteración. Las posibilidades no son esperanzadoras, coincidieron los investigadores.

Si bien los factores climáticos son determinantes, Amoroso agregó que existe un “crecimiento exponencial” en la demografía de la Patagonia, principalmente en las zonas cordilleranas de Neuquén, Río Negro y Chubut, que “conlleva a una transformación del paisaje”.

Datos comparativos entre los censos del 2010 y del 2022 marcan notorios crecimientos en las tres provincias. Chubut experimentó un incremento del 14,5%, Río Negro aumentó su demografía en un 14,59% y Neuquén destaca por registrar una suba en torno al 24,13%.

Los investigadores observan una tendencia en ese sentido: a mayor avance de infraestructura sobre áreas naturales, mayor riesgo de ignición de incendios. Algunos lugares señalados por este fenómeno son la Comarca Andina y Bariloche.

“Hay más gente viviendo y más fragmentación del territorio. Más allá del origen de los incendios, esto brinda un escenario que no da muchas esperanzas”, resaltó el investigador, para sumar que estos incendios marcan un “cambio de paradigma”: “Antes eran en lugares aislados, pero hoy ocurren donde hay vidas de personas en riesgo y destrucción de infraestructura, además de impacto económico. Por eso, se trata de una problemática socioambiental”.

De todos modos, no dejó de lado que las temperaturas en la Patagonia vienen en aumento y que “de los últimos seis veranos, tuvimos uno solo con precipitaciones superiores al promedio. En los demás hubo déficits”. La pretensión de que los bosques crezcan en situaciones similares a sus antecesores es cada vez más lejana.

Para Grosfeld, debe pensarse la finalidad de la recuperación del bosque. Una de las opciones, planteó, es “pensar en la resiliencia para el próximo incendio en este nuevo paisaje”.

“El suelo se cubre de hierbas de un año a otro, pero se tarda generaciones en que vuelva el bosque. Necesitamos gestionar los recursos naturales, que sea una política pública de prevención y para que las comunidades sean menos vulnerables”, expresó.

En tanto, planteó que se está viviendo un cambio de era: “Dentro del antropoceno, donde el hombre domina todos los ecosistemas, estamos en esta primera etapa que es el piroceno en la que (los ecosistemas) se están prendiendo fuego. Hay un cambio en los bosques andino-patagónicos que hemos tenido hasta hace 100 años, que no tuvieron grandes impactos hasta el principio de la Campaña del Desierto, cuando se abrió el bosque para la agricultura y la ganadería”.

“Hay un cambio de época y un cambio de paisaje por el fuego”, resumió Grosfeld. El horizonte para la recuperación de ese paisaje lo trazó a 200 años, pero bajo las condiciones de que no se transforme en pasturas para ganado ni en lotes: “Hay que dejarlo tranquilo. Un desierto verde no sirve para nada”.

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